SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC
ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

UNA CLASE DE VALIENTES 

 

 

"UNA CLASE DE VALIENTES es una comedia realista, basada en un hecho real" 

               CARTA DEL AUTOR

Cuando vi en la televisión la noticia de un secuestro en un colegio, me di cuenta de que había una historia digna de ser contada.

Pero no por el secuestrador, sino por la profesora, que tuvo la sangre fría de tranquilizar a los alumnos haciéndoles creer que se trataba del rodaje de una película y de que el intruso era un actor.

También pensé en la habilidad de los alumnos, que les hicieron creer que se lo creían. Y es que los niños saben muy bien lo que pasa a su alrededor, aunque no lo parezca.

De eso trata el libro: de lo listos que son los profesores, de lo listos que son los alumnos. Y de lo tontos que son los secuestradores.

Ah, y de lo listos que son los policías.

La profesora consigue que los niños actúen como si se creyesen lo que les cuenta porque, previamente, se ha ganado su confianza. Es decir, los alumnos confían en ella.

Así que lo que más me gusta de UNA CLASE DE VALIENTES es que todos se siguen el juego y el único que  no se entera de nada es el secuestrador. También me encanta dejar claro que ser secuestrador y entrar en un colegio no es una buena idea. ¿A quién se le ocurre entrar en un sitio donde hay gente que está todo el día estudiando y pensando?

A lo largo de  vuestra vida descubriréis que intentar hacer cosas malas no es una buena idea. Y mucho menos si queréis perjudicar a gente inteligente.

Decididamente, UNA CLASE DE VALIENTES es una de mis mejores historias. Bueno, eso es lo que creo, aunque la última palabra la tenéis vosotros, los lectores.

              Santiago García-Clairac 

 

               CARTA DEL ILUSTRADOR

Esta historia es un fascinante relato sobre valentía, imaginación y creatividad ante momentos difíciles.

Durante la lectura de UNA CLASE DE VALIENTES quedé fascinado desde el principio y esperaba con mucha impaciencia los siguientes capítulos que seguirían desarrollando la historia.

Quedé atrapado por completo dentro de la trama, dentro de la valentía inocente de los alumnos y dentro de la creatividad de la profesora a la hora de resolver la situación en la que se había visto envuelta junto a sus alumnos.

Por ello, he intentado plasmar esa intriga y misterio en las ilustraciones de este libro que ahora tienes en tus manos.

Espero que las disfrutéis tanto como yo he disfrutado su lectura.

Y, sobre todo, es muy importante que aprendamos a ser valientes ante las situaciones difíciles, aunque sea sin darnos cuenta de ello... o bien porque una adorable maestra nos cuenta una fascinante historia para que lo seamos de manera ingenua.

               Sergio Membrillas 

                           CAPÍTULO 1

Me llamo Carolina y estoy muy contenta porque hoy, los de mi clase, hemos demostrado que somos muy valientes. Y nuestra profesora, la señorita Alina, la que más.

     Todo empezó esta mañana, después de la clase de dibujo, cuando estábamos discutiendo sobre si las chicas dibujamos mejor que los chicos.

     -Las niñas dibujamos mejor porque nos fijamos más en las cosas que vosotros -le dije a Isidoro. que estaba pintando unos caballos que ni corrían ni nada.

     -Carolina -respondió-, tú no entiendes de animales. Y para que lo sepas, mis caballos sí que corren, no como el lobo ese que acabas de dibujar...

     -Ya te gustaría a ti dibujar así de bien -le respondí-. No distingues entre un lobo de verdad y uno de mentira.

       Isidoro, enfadado, se acercó y puso la mano sobre mi dibujo.

    -¡Eso que has pintado no parece un lobo salvaje! -gritó-. Parece un lobo tonto...

     Levanté mi dibujo para que lo viera bien.

   -¡No es un lobo cualquiera! ¡Es el lobo de caperucita! -le expliqué ¡Mi lobo es más de verdad que tu caballo!

    -¡Basta! -exclamó la señorita Alina-. ¡Dejad de discutir, por favor!

     Entonces, en aquel momento,  la puerta de nuestra clase se abrió de golpe. Un hombre que no conocíamos de nada y que no habíamos visto nunca, entró sin pedir permiso.

     Una vez dentro, cerró la puerta muy despacio y se quedó quieto, en silencio, mirándonos a todos. Llevaba unas gafas tan grandes que le tapaban casi toda la cara.

     Cuando la señorita Alina le vio, se quedó muy sorprendida. Entonces, el hombre la agarró del brazo y la llevó a un rincón.

     Hablaron en voz baja durante algunos minutos y, por más que lo intentamos, no pudimos oír absolutamente nada. Los mayores son especialistas en hablar de manera que los niños no les oigamos.

     -Es su novio -susurró Felipe, mi compañero de mesa-. creo que tienen problemas.

    -¿Cómo sabes que es su novio? -le pregunté con mucho interés.

     -¿Y quién va a ser si no? -respondió un poco molesto-. ¿No ves que están hablando de amor y por eso lo hacen en voz baja?

     -¿Tú crees? -pregunté, un poco sorprendida.

   -Estoy seguro. Me parece que ella le está diciendo que no quiere seguir con él -respondió con tanta seguridad que empecé a interesarme por el romance de la señorita Alina.

     Felipe, además de ser mi compañero de clase, es también mi vecino y amigo. Yo confío mucho en él, aunque a veces diga unas tonterías impresionantes.

     -¿Tú crees que se están peleando? -le pregunté.

    -Seguro que sí -respondió muy convencido-. Pero ella maneja la situación. No está nada nerviosa. Mira qué tranquila está.

   -Ese señor estaba ayer en la calle -nos informó Jorge. que se sienta delante de nosotros-. ¡Le he reconocido!

   -Sí -añadió Patricia. su compañera de mesa-. estaba en un coche... acechando.

     -¿Acechando? -preguntó Felipe-. ¿Qué es acechar?

   -Vi una película en la que había unos que espiaban al protagonista y la policía decía algo de acechar -explicó Patricia-. Acechar es espiar.

    -Los leones acechan a las gavelas cuando van de caza -comentó Jorge-. Los que acechan no son de fiar.

    -Bueno, pero... ¿a quién acechaba? -pregunté.

   -¡A ella! ¡A la señorita Alina! -me regañó Jorge-. ¡No te enteras!

  Nos callamos porque en aquel momento, la señorita, que acababa de separarse de su novio, estaba subiendo a la tarima. la verdad es que estaba un poco pálida y nos hizo pensar que no debía llevarse muy bien con él.

   -¡Niños! -gritó. dando palmas-. Hoy tenemos una visita muy especial.

   Felipe me dio un codazo y susurró:

   -¡Nos lo va a presentar! ¡Ya verás como tengo razón!

   -Este señor se llama Robert y es actor de cine -anunció la seño.

   Robert se acercó a la pizarra y se puso al lado de su novia.

  Todos le miramos con curiosidad. Tenía las manos en los bolsillos de su cazadora negra y nos sonrió; pero lo hizo como un actor malo, o sea, de mentira. Vamos, que se notaba que no tenía ganas de sonreír ni nada.

  -¿Es usted Robert de Niro? -preguntó Tony, que en realidad se llama Antonio, pero como va siempre de vacaciones a Estados Unidos y habla muy bien inglés, quiere que le llamamos así.

   -No exactamente -respondió muy seco-. Con que me llames Robert ya vale.

   No era un hombre muy simpático y comprendí que la señorita no deseara seguir con él. Ninguna chica quiere un novio antipático.

   -Este actor no me cae nada bien -dijo Felipe en voz baja.

   La señorita Alina  miró a Robert, como pidiéndole permiso para seguir hablando, y él hizo un gesto que significaba que podía continuar.

   -Tenemos que ser muy buenos con nuestro invitado -nos pidió-. Nos va a enseñar cómo se hace una película. Va a ser un juego muy divertido.

   El tal Robert subió a la tarima y se colocó a su lado.

  -Sí, vamos a hacer una película -anunció con su vozarrón de gran actor-. Y vosotros seréis los actores principales.

   -Ya veréis qué bien nos lo vamos a pasar -añadió Alina-. Será una buena experiencia.

   -Os gustará mucho -insistió Robert-. Si hacéis lo que os digo, disfrutaréis mucho.

   Hubo murmullos de alegría en la clase y eso significaba que la idea nos había gustado a todos.

   -¡Va a ser una clase fenomenal! -exclamó Jorge, con una sonrisa de oreja a oreja-. estoy contento de haber venido hoy a clase.

   -A ver... ¿a quién le gusta el cine? -preguntó el actor.

   Jorge, Tony y unos cuantos más levantaron la mano.

   El hombre, que no aprecía contento con la respuesta, dijo:

   -Muy bien lo voy a repetir: ¿A quién le gusta el cine?

   Todo el mundo levantó la mano; incluso yo. Al principio estuve a punto de decirle que eso de hacer una película en clase era un poco raro y que no estaba segura de que me fuera a gustar. pero después pensé que iba a ser difícil explicarle algo tan complicado a una persona que no sabía sonreír, así que me quedé callada.

   -¡Bien!... ¡Así me gusta! -exclamó satisfecho.

   Se frotó las manos y levantó los brazos.

  -Ahora que estamos todos de acuerdo, ¡vamos a hacer una película de acción! -dijo por fin el actor-. ¡Una película que no olvidaréis nunca!

   -Este tío es fenomenal -comentó Jorge, entusiasmado.

   Todos mis compañeros se reían y decían que sí, que les gustaba la idea de ser actores.  

 

FIN DEL
CAPÍTULO 1
 

 

 

 

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