SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC
ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

VIAJE A MIAMI

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     UNA SEMANA MUY ACTIVA      

Me levanto a las siete, Rodolfo vendrá a buscarme a las nueve para empezar las visitas a los colegios.

En realidad, me he despertado a la cinco, así que he aprovechado para ponerme al día con la televisión. Hay muchas cadenas, algunas locales y otras nacionales. Las locales hablan en castellano, son muy alegres y muy propensas a las noticias de conflictos vecinales, con muchas entrevistas.

Hay, lógicamente, una cadena dedicada a las viejas películas del Oeste. Varias dedicadas al cine generalista, americano, por supuesto; y otras se centran en las noticias.

La cafetería del hotel está en la planta baja y hay grandes ventanales que dejan entrar la potente luz del sol que, a estas horas, ya es muy potente.

Decido hacer un desayuno a la americana: zumo de naranja, huevos fritos, tostadas, mermelada. Begoña aparece y se suma a la fiesta del colesterol.

Mientras comemos, comentamos que estamos alucinados por lo de la noche anterior. No nos lo esperábamos.

Después del desayuno salgo a dar un paseo por el barrio para ambientarme. Las calles son muy anchas y hay muy pocos peatones. Más tarde, me enteraré de que en Miami es casi imposible vivir sin coche.

     En la calle, venta automática de prensa.         

A la hora prevista llega Rodolfo y, después de los saludos, me voy con él en el coche.

Por fin voy iniciar las visitas a los colegios.

Media hora después llegamos.

 

  PRIMERA SESIÓN    

Nos recibe un señor que lleva la palabra "SECURITY" en la camiseta. Es cierto que ya había visto en Nueva York a agentes uniformados junto a detectores de metales en la puerta de algunas escuelas, pero verlo de nuevo me ha removido un poco la conciencia.

Por mucha paranoia que los adultos tengamos con la seguridad, no sé si es bueno transmitírselo a los niños. Aunque, claro, si lo hacen, sus motivos tendrán. No seré yo el que lo critique.

Mi primera sesión es con niños de sexto que han leído EL LIBRO INVISIBLE. Les cuento la historia del libro, de dónde salió la idea y de cómo lo escribí y de lo que lamento no haberlo podido ilustrar, cosa que me hubiera encantado. EL LIBRO INVISIBLE es una de mis obras favoritas y una de mis frustraciones es no haber podido hacer las ilustraciones.

Después de escuchar atentamente, sin interrupciones, llega el turno de preguntas, que es la parte que más me gusta de estos encuentros. Siempre hay alguna pregunta sorprendente.

     El dibujante dibujado.    

Sus preguntas me hacen ver que les gusta más la parte aventurera, la de la princesa Hanna que cabalga en busca de un mago que la ayude a leer el libro invisible. La otra parte, la de la realidad, parece interesarles menos.

La sesión es muy divertida. Tienen mucho sentido del humor y siguen mis bromas perfectamente. Preguntan mucho sobre el origen del libro y sobre mi manera de trabajar; quieren que les amplíe detalles.

   Un regalo inesperado. Un escena del EL LIBRO INVISIBLE dibujada por una niña.   

Una niña ha hecho un dibujo de una escena del libro y me lo regala. Como agradecimiento,, le hago un retrato en la pizarra... Y se desata la fiebre de los dibujos. Todos quieren que les retrate. Acabo dibujando una escena del libro usando a dos niños como modelos. Son muy agradecidos y aplauden y me felicitan.

     En clase de dibujo, hablando de libros.      

Termino esta sesión con una agradable sensación. A pesar de la diferencia cultural y de los problemas que algunos niños tienen con el idioma (es un colegio bilingüe), la cosa ha ido muy bien.

   Trabajo terminado. Los protagonistas de EL LIBRO INVISIBLE inmortalizados.     

Lo importante es que ya he empezado las visitas a los colegios.

   Así empecé la semana en Miami, bien acompañado.   

Por la tarde tengo otro encuentro en el que se confirma que los libros interesan y que los chicos leen con atención. Y eso, que los libros han llegado tarde y han tenido que correr. Muchas preguntas y muchas respuestas.

Termino en primer día muy satisfecho.

 

    PRIMER PASEO     

A la hora de comer he dado un largo paseo por la zona financiera de BRIKELL BOULEVARD. Una larga calle que bordea el mar en la que están ubicados todos los grandes bancos, incluidos el SANTANDER y el SABADELL, que están instalados en grandes edificios.

En esta zona predominan los ejecutivos trajeados o en camisa. Muchos llevan un café en una mano y un maletín en la otra. Los imponentes edificios reflejan muy muy bien la que son. Es la otra cara de Miami.

   Perfil de la parte moderna de la ciudad, con avión incluido.   

Miami  está  construida, como casi todas las demás ciudades americanas, alrededor del centro financiero que, a su vez, se ha rodeado de suburbios, una palabra que aquí no tiene el mismo sentido que en España. Los suburbios americanos son zonas de viviendas residenciales en los que viven los profesionales que trabajan en los centros financieros. Naturalmente, esta denominación también incluye las zonas más desfavorecidas pero no pretende ser despectiva ni mucho menos.

He entrado en una cafetería y he tomado un zumo de naranja. Con la propina incluida, la nota marcaba 8,40. Le he dado un billete de diez dólares y me ha devuelto un billete de un dólar.

-Perdone, pero faltan 60 centavos -le dije al camarero.

-Es que en este local no usamos monedas, señor; solo billetes -me respondió fríamente.

Así que no dije nada y me marché sabiendo algo más de la vida moderna. ¿Para qué van a poner número a las monedas si no las usan?

Aprovecho que estoy en la zona para dar un paseo hasta la isla artificial cercana. Cruzo el puente y entro en la isla de construcciones muy modernas pero que, a mí, me parece un parque temático debido, sobre todo, al aspecto de maquetas perfectas que tienen los edificios blancos, limpios, de líneas rectas, que forman un conglomerado de cemento. Hay plantas en algunas calles y plazas y el mar de fondo. Un paisaje de película futurista. Eso sí, todo muy bien señalizado.

 

 

 

 

   CONTINUARÁ...