SANTIAGO GARCÍA-CLAIRAC
ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

 

VIAJE A MIAMI

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      LA PRIMERA NOCHE     

 

 Son un poco más de las cuatro de la tarde cuando me encuentro con RODOLFO. Es un encuentro cálido y amable. Es muy simpático.

Unos minutos después, aparece BEGOÑA con su gran maleta.

Después de charlar un rato, bajamos al parking y subimos al coche descapotable de RODOLFO. Mientras nos dirigimos al hotel, nos propone salir a cenar a MIAMI BEACH... La propuesta no puede ser mejor, así que aceptamos inmediatamente. 

Comentamos la satisfacción que nos causa la extraordinaria temperatura. Hace unas horas, estábamos en un aeropuerto frío y lluvioso y, ahora, nos encontramos en un paraíso primaveral. Nos anima mucho.

Quince minutos después, llegamos al barrio de CORAL GABLES y entramos en la avenida PONCE DE LEÓN, donde se encuentra el hotel CHATEAUBLEAU, una edificación horizontal de dos pisos, con una preciosa piscina en la parte trasera. De alguna manera, tiene un aire tradicional.

Después de registrarnos, pedimos una de esas clavijas americanas para conectar nuestros aparatos eléctricos, como la maquinilla de afeitar y esas cosas. En Estados Unidos, la corriente no va a 220, como en Europa. Así que dejamos un depósito de 10 dólares por cada una hasta que las devolvamos.

RODOLFO se queda en la cafetería mientras subimos a instalarnos y a ducharnos.

Mi habitación está en el primer piso y da a la carretera, lo que permite que los ruidos del tráfico entren de forma implacable. Espero que por la noche sea más suave.

Descubro con alegría que hay una plancha y una tabla para usarla.  Cuando viajas con poco equipaje, como es mi caso, una plancha te salva de muchas situaciones.

La habitación es muy tradicional y, lo más importante, la cama doble parece cómoda. Hay una gran televisión digital frente a la cama. Por lo demás, no hay nada destacable. En todo caso, las sillas tienen apoyabrazos, lo que las hace más cómodas. Ah, y el suelo enmoquetado, cosa que me encanta.

Nos encontramos en la cafetería y subimos al coche, dispuestos a conocer MIAMI BEACH, la isla turística por excelencia de la zona. BEGOÑA y yo estamos ilusionados.

En la autopista nos encontramos con el primer cartel señalizador. Está anocheciendo.

Después de un largo recorrido por la autopista, desde la que vemos el perfil más modernos de MIAMI, entramos en el puente sobre el mar que  lleva a la isla. Tenemos la sensación de volar sobre el mar.

El perfil de la city desde el puente. Las palmeras en primer término, el mar, los edificios, las nubes y el cielo. Bonita imagen para recibirnos.

Damos un par de vueltas por la zona hasta que, por fin, entramos en un aparcamiento.

Esto es el MIAMI que he visto en tantas películas y documentales. Me parece mentira estar aquí. Es un escenario espectacular, de cine. La zona turística más colorida y animada que he visto en mi vida.

Durante más de dos horas caminamos entre gente variopinta que me llama tanto la atención que no sé hacía dónde mirar... negros fornidos de dos metros, grandes como armarios; ágiles bailarines que interrumpen el tráfico para exponer sus habilidades; chicas guapas que nos invitan a sentarnos en las terrazas de sus locales... El paseo resulta tan variado como si estuviésemos en un circo galáctico.

Es imposible centrar la mirada en alguien o algo durante más de diez segundos ya que surgen cosas inesperadas por todas partes. Las aceras están atestadas de gente que, sobre todo turistas despistados, como nosotros, se suman a los que generan el espectáculo. No cabe un alfiler. Aquí, lo único claro es que no hay que descuidarse ni un momento. Hay demasiados apretones y no conviene descuidarse.

La inevitable foto turística con la rubia explosiva.

Nos llaman la atención los vehículos, los hay de todas clases... clásicos, modernos, antiguos, estrafalarios. Lo cierto es que no sabemos hacia dónde mirar. Es un gran espectáculo gratuito que atrae a tanta gente que las aceras están desbordadas. Hay tanto tráfico que cruzar la calle es una odisea. En algunas terrazas hay músicos y bailarines, lo que provoca grandes atascos. Es una gran fiesta, llena de música, color y gente activa.

Viaje a los años cincuenta.

Me llaman mucho la atención los edificios estilo Art Deco, adornados con rótulos luminosos de neón de colores muy vivos. Es todo muy retro. Parece un gran decorado preparado para transportarte a otra época. Muy sugerente.

Edificio iluminado con neones de colores muy vivos.

Al cabo de un rato, RODOLFO nos lleva a la gran playa, que está justo enfrente. Después de una pequeña caminata por la arena, disfrutamos de una visión excepcional, de ensueño: la luna llena ilumina el mar para nosotros y al otro lado vemos cantidad de luces que indican que MIAMI es interminable. 

Después de hacernos unas fotos y de atender las explicaciones de RODOLFO, volvemos al follón, dispuestos a buscar un sitio para cenar. Son la 7 de la tarde, la 1 en Madrid.

Vehículo turístico, característico de aquella zona.

Todas las terrazas están llenas, no hay un solo sitio libre y hay cada vez más gente. RODOLFO nos propone ir a un restaurante hispano-cubano, no muy lejos de allí. Así que volvemos a caminar y a disfrutar del espectáculo.

Cuando estamos saliendo del barrio, un grupo de vehículos de tres ruedas aparece y se monta un barullo de gente que quiere verlos de cerca. A mí me recuerdan a los vehículos de BATMAN. Muy creativos´. Nunca los había visto.

 

El coche-moto, un vehículo híbrido nacido para llamar la atención... Y lo consigue.

Poco después llegamos a una calle peatonal, en cuya esquina está el restaurante que buscamos; LA HABANITA. No hay mesas libres en la terraza, así que buscamos una mesa en el interior del local. Es un sitio pequeño, muy acogedor y muy bien decorado.

En el HABANITA, un simpático camarero posa con nosotros. RODOLFO es el de la derecha, con camiseta a rayas.

Nos sentamos y, antes de pedir nada, nos sirven agua. Parece que la Ley les obliga a hacerlo. Tiene algo que ver con la incitación al consumo de alcohol. Si quieres alcohol, lo tienes que pedir, pero ellos no se lo pueden ofrecer a los clientes.

La cena es agradable, el servicio es bueno y el ambiente agradable. Ha sido una buena elección. 

Creo que nos pasamos haciéndole preguntas a RODOLFO. El tío lo sabe todo, es una enciclopedia y cuenta muchas cosas muy interesantes. Es un gran narrador, muy detallista. Gracias a él pruebo los frijoles, que están muy ricos y que nunca había comido.

Nos cuenta que las monedas americanas no llevan el número, solo lo llevan escrito. Increíble, pero cierto.

Acabamos de cenar a las tres de la madrugada, hora española, las 9 hora local. Después, damos un breve paseo por la calle peatonal en la que hay mucho ambiente. Por fin, agotados, nos vamos al hotel.

Pues sí, es la tienda de ZARA en MIAMI. La fotografié desde el coche, cuando volvíamos al hotel.

RODOLFO nos ha contado tantas cosas que es difícil recordarlas todas. Me voy a la cama con la cabeza llena de imágenes e historias.

Tardo poco en dormirme.

Ha sido increíble todo lo que he visto en tan pocas horas.

Muchas emociones.

Me duermo pensando en que Miami no es una ciudad, son muchas. Y que las tres cosas que conforman cualquier ciudad, aquí resultan más llamativas: la gente, los edificios y los vehículos. También la señalización es muy potente.

 

 

 

   FIN DEL EPISODIO